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Una cultura de salud desde las OSFL

La realidad de hoy es el distanciamiento físico. No obstante, en el entretanto de este tiempo un nuevo comienzo se avecina. ¿Cuál será la respuesta por parte de las organizaciones sin fines de lucro (OSFL)? Son entidades que se han ganado la validación pública ante la respuesta positiva durante la etapa de alivio luego del huracán María. Fueron de los primeros grupos que se activaron a raíz del impacto tras los desastres naturales.


Subrayemos quiénes son y a quiénes sirven en Puerto Rico. Estas entidades son un motor aglutinante de sabiduría social y empatía con las poblaciones vulnerables. Los datos más recientes reseñados por el último estudio de las OSFL en 2016 demuestran un perfil de una industria que genera empleos, moviliza a personas, promueve la actividad económica de servicios como la consultoría y asesoría, y crea alianzas. Además, son expertos en sus áreas de enfoque que incluyen servicios sociales, vivienda, alimento, salud, educación, desarrollo económico. Estas cualidades evitan costos al Estado. Son un constituyente que, ante esta crisis de salud pública mundial, se hace indispensable en Puerto Rico.


Por cada dólar que el gobierno transfiere a una OSFL que brinda servicios de

salud, tendría que invertir siete dólares para proveer el mismo servicio. Asimismo, con relación a donantes, el informe de 2015, Giving in Puerto Rico -colaboración de la fundación Flamboyán, Indiana University Lilly Family School y fundación Kinesis –, evidencia que las causas que reciben más donativos son las necesidades básicas, la religión y la salud. Los asuntos sociales que más interesan a las personas que donan son educación, salud y economía.

Muchos estudios de organismos y reconocidas universidades en Canadá, Estados Unidos, Europa y Latinoamérica reafirman el rol importante que ocupa este ecosistema en la sociedad. Se destacan por su capacidad para ofrecer servicios a favor del bienestar colectivo.


El más reciente reporte de la fundación Robert Wood Johnson, titulado “From Vision to Action”, de 2020 propulsa a los líderes. El reporte resalta un modelo de trabajo que parte de los determinantes sociales de la salud e incide en las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud. Además, integra la equidad, diversidad e inclusión como parte esencial de un liderato sano, justo y responsable. Es poner en acción una cultura de salud y representa un desafío que propone diseñar nuevas formas de vivir, aprender y trabajar hacia el bienestar de las personas.


La propuesta se inserta como catalizador de apoyo programático y financiero entre líderes y entidades que laboran para contrarrestar la realidad actual sobre temas complejos, y advierten que cerca de uno de cada 50 norteamericanos vive en vecindarios de bajos ingresos. Estas personas tienen pocas oportunidades de acceso a los servicios de salud, alimentos nutritivos, viviendas adecuadas, ambientes libres de contaminación y de criminalidad, así como, a oportunidades de empleo.


En Puerto Rico es fundamental crear una red de líderes que hablen un lenguaje común acerca de la cultura de salud y lo conviertan en un eje principal del ecosistema de las OSFL. La pandemia nos afecta a todos y es urgente que los líderes de estas entidades estén alineados porque son fuente de conocimiento sobre las poblaciones más invisibilizadas.


Es tiempo de discutir abiertamente sobre los privilegios de poder para crear un nuevo tejido social. Las OSFL no necesitan estructuras de “task force” para ejecutar, son entidades privadas. Pueden darle cátedra de acción a los gobiernos pues lideran proyectos cruciales que administran fuentes de fondos que le han sido destinadas por ley.


Publicado en El Nuevo Día domingo, 12 de abril de 2020

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